sábado, 14 de abril de 2012

Rincones de Montreal

Esta ciudad tiene su magia.

Quizás para la gente de aquí es algo habitual, pero a mí me encanta ir por la calle mirando las fachadas de las casas; cada una es distinta aún siendo muy parecidas. En algunos casos son realmente bonitas, con sus escaleras haciendo curvas imposibles.

Ir en bici es todo un placer, no paras de estar mirando a un lado y otro (con cuidado de los agujeros y baches de la calle) y con las calles tan anchas, no hay tanto miedo a los coches ni vas molestando a las abuelas con los perritos del paseo marítimo... Anécdota: el otro día un camión enorme me cedió el paso en un cruce!
Siendo una ciudad grande como es, no me parece que las cosas estén tan lejos. Transporte público o bici, se llega rápido y puntual a cualquier parte. Me encanta.

El metro está bien cuidado. Hay una parada llamada Jean-Talon que es un punto importante, porque cruzan dos líneas de metro y hay muchas paradas de autobús fuera. Es una estación donde hay que andar bastante para cambiar de la línea azul a la naranja, o viceversa. A muchos esto le parece un coñazo, pero en esos rincones musicales de la estación a veces hay gente realmente buena, como el grupo tipo celta, con sus violines, sus flautas... o la chica del acordeón que un día tocaba música de la película Amelie... o el hombre de la flauta en unos zancos de vértigo... Hasta he llegado a escuchar a un hombre tocando flamenco a la guitarra...

En fin... me gusta... me gusta esta ciudad...

viernes, 13 de abril de 2012

Porque no es lo mismo una experiencia que otra.
Porque puedes estar menos tiempo fuera que otras veces y más cosas haber cambiado a tu vuelta.
Porque no se plantea la vida igual un día que otro, aquí o allí.
Porque estoy en un momento en que, no sé si por la lejanía, no sé si por lo vivido, visto y sentido, me empiezo a plantear muchas cosas. Se me está revolviendo todo por dentro, mi sentido de la vida, de lo que quiero para mi futuro y de cómo conseguirlo.
Estoy hecha un lío. Estoy segura e insegura de todo y de nada. Creo que empiezo a conocerme, a saber qué quiero y cuándo lo quiero. Ahora toca conseguirlo...

sábado, 7 de abril de 2012

Hablemos de... almohadas

No os imagináis la cantidad de tipos de almohadas que existen. Hoy he visto gran parte de ella, en un evento llamado "Pillow Fight".
Se supone que en distintas ciudades alrededor del mundo se ha hecho el mismo evento, una pelea, lucha o batalla de almohadas. Es decir, que nos hemos juntado unos cuantos motivados con almohada en mano para golpearnos con ellas. Hay quien, incluso, no ha dudado en llevar el pijama puesto.
Así que puedo tachar de mi lista el haber estado con mi almohada en mitad de la calle, sin ser considerada un bicho raro.

Hay gente que ha roto su almohada de tanto golpe; hay quien se lo tomaba más en serio y daba golpes bastantes molestos pero también estaban lo que estaban allí más que anda por hacer bulto.
También había unos hombres vestidos de conejos de colores, con un cartel que ponía "la lucha de ---", para hacer un llamamiento sobre una chica, que seguramente tendrá alguna enfermedad de las que cuesta mucho dinero curar. Eso sí, todo con nota de humor.

Me quedo con la experiencia.

Para la próxima, estad atentos a esta web:
http://www.pillowfightday.com

miércoles, 4 de abril de 2012

martes, 3 de abril de 2012

tú a Boston y yo a Montreal

Este finde he ido a Boston.
Ciudad situada a unas 6 horas de viaje en coche de Montreal. Aunque eso depende de las paradas a hacer, del tiempo que te hagan perder en la frontera y de si el GPS funciona o de repente te deja sin orientación alguna.

Para ir, como ya os habéis imaginado por mi comentario, nos perdimos. El GPS se puso tonto y nos fuimos sin querer hacia Québec y no sabíamos cómo dar la vuelta. Y luego, una vez en la ciudad de Boston, sin mapas ni nada, buscamos el hostel a la aventura.

La ciudad a mí me gustó. Tiene muchos rincones fotogénicos y el contraste entre el centro de rascacielos y el resto de casitas tipo adosadas no queda mal. Allí está el primer y genuino "Cheers" y la reconocida universidad de Harvard. Es una ciudad para pasearla, andar, disfrutarla y olvidarse de salir por la noche. ¿Por qué? Porque a las 1:30 se cierran los pubs y los after a las 3:00.
A pesar del detalle anti-fiestero, Boston me gustó más que Washington y que Philadelphia.

La frontera siempre da mucho que contar, ya sea en bus o en coche, los policías norteamericanos se flipan un montón. Esta vez llegué yo conduciendo a la frontera. Me preguntó el policía cuántos íbamos en el coche, de quién era el coche y que por favor le diera los pasaportes. Entonces empezó todo. Yo no llegaba bien a darle los pasaportes y uno de nosotros tenía el pasaporte atrás, en el maletero, por lo que empezamos a movernos y a mirar hacia atrás. El policía se mosqueó y nos dijo que todos teníamos que mirarlo a él y que estuviéramos quietecitos. Entonces llegó el momentazo en el que yo, por querer darle los pasaportes en mano, abro la puerta para bajarme.
"What are you doing??" Me grita el policía. Y me empieza a rayar la cabeza con que si me bajo del coche estoy en zona de tiro, que me pueden disparar porque ellos no saben si soy una amenaza y a mi copiloto le dice que le mire porque.. "You know who I am but I don't know who you are!". Cuando pasa lista con los pasaportes y nos pregunta lo típico de si traficamos, nos dice que por qué vamos a Boston, cuando podemos ir a California, por ejemplo. (En un finde va a ser difícil ir hasta California, eh?)
Luego te hacen bajar del coche para registrártelo y ya está.

La frontera canadiense es otro cantar. LLegas, le das los pasaportes, le contestas que no a lo de si llevas drogas, alguna compra importante, armas de fuego y por qué vives en Montreal y durante cuánto tiempo. Todo con respeto y educación. Lo mismo...

Y la gran anécdota del viaje fue que al llegar a mi casa y abrir el maletero, mi mochila no estaba. No ropa, no móvil español, no llaves de casa. Allí se ha quedado en el hostel. Y ahora estoy de negociaciones para recuperarla.
Mi mochila en Boston y yo en Montreal. Un desastre.